PORQUE NO PRETENDEMOS QUE TODOS PIENSEN IGUAL SINO QUE NOS DEJEN PENSAR

La Universidad

Este espacio donde nos hemos formado muchos de los románticos que hoy enarbolamos las banderas de la defensa a la Universidad Pública, que nos evoca los tiempos de antaño, nos tiene pensando que puede estar llegando a su final, que esta generación tendrá la deuda histórica de haber permitido la privatización de la Universidad. Lo que nos lleva a las preguntas: ¿Por qué la antipatía de la gente? ¿Qué le paso al estudiante? ¿Se irán a unir a nuestras voces de disgusto y protesta? ¿Lograremos mantener algo de esa Universidad que alguna vez fue pública? ¿Cómo hacer qué el estudiante se una a la lucha?

Y empezamos entonces de manera casi que automática a recordar todo lo que hemos aprendido, los principios de formación, las guías de trabajo de base, los textos clásicos y nos dejamos perder en ese mar de recuerdos del pasado buscando las respuestas del presente, sin darnos cuenta que precisamente ese es nuestro principal error.

No es nuestra intensión negar lo valioso que es aprender de la historia, lo que pretendemos con esto es llevar un mensaje de que con el cambio de los años también cambian los sujetos.

Los textos usados por los activistas, sin importar si están o no organizados, son escritos por personas que ya recorrieron caminos similares, no iguales, los cuales afrontaron un estudiante diferente y en un contexto mundial de insurrección y auge de los movimientos sociales, algunos incluso esperaban el momento para la toma del poder y desde ahí el cambio de la Universidad, lo que era entendible en ese momento.

Ahora nos enfrentamos a una sociedad que ha afrontado el impacto de la represión violenta, la división de las luchas –estrategia entendida muy bien por el neoliberalismo- y unos jóvenes que se han negado el invaluable derecho de soñar.

En esta sociedad, donde casi que desde pequeños se nos asigna un rol, se nos ha arrebatado la capacidad innovadora de nosotros los jóvenes que hoy somos la mayor parte de la población universitaria.

Algunos hasta acá pueden sentir que estas frases les son ajenas, ahora les preguntamos ¿por qué les son ajenas unas frases dirigidas a quienes defienden la Universidad Pública?

Algunos al escuchar esto estarán acordándose de las frases como: ¿qué van a privatizar la universidad pública? Eso están diciendo desde que yo estudie y vea ya cuantos años tengo. Pero cuantos se han dado a la tarea de preguntar el por qué se lleva tanto años diciendo lo mismo. El proceso de acabar con los sueños es ir atacándolos de a poco, cual inyección letal que entra en nuestro organismo y nos roba lentamente la vida para que cuando nos demos cuenta sea ya muy tarde.
Por eso hoy más que simplemente dirigirnos a ustedes, le hacemos un llamado a cada uno para que rechace que en Colombia sea un privilegio ser estudiante universitario y que tampoco permita que se nos entregue un modelo que, antes de llevar al progreso, nos lleva a las concepciones de la educación como un motor económico -y no como un motor social.

Debemos empezar a generar un cambio en nosotros mismos, dejar en claro que somos la parte esencial de la universidad y que también somos parte de la solución a los problemas de su decadencia actual. Los cuales no pueden seguir siendo ocultados con falsas cifras, enemigos útiles, ni la conversión de la Universidad en el gran supermercado de quienes nos ven como productos y no como sujetos.

El estudiante debe tomar un papel investigador, pero no de ese personaje que vende su conocimiento al empresario e ignora el impacto que estas medidas traen sobre la sociedad, lo que debe buscar es como generar el progreso dentro de nuestro gran país latinoamericano, como ser constructor de sueños. No llamamos a la concepción que se tenía de que la persona entregada era la que dejaba sus comodidades y su vida personal para unirse a las luchas, lo que buscamos es que cada quien esté dispuesto a usar su conocimiento de una manera comprometida con la sociedad, que no ignore las necesidades propias ni las de su entorno, que entienda los impactos sociales a futuro que puede traer lo que él realiza.

Es momento que reconozcamos el papel que como sujetos políticos debemos jugar en la sociedad, es hora que la Universidad vuelva a pensarse el país para terminar con el dominio de las familias que durante 200 años nos han gobernado. La universidad ha sido históricamente la caja de resonancia del país, necesitamos dejar de ser simplemente eso y empezar a construir país a partir de nuestra diversidad y conocimiento.

Retomamos de nuevo las preguntas que planteamos atrás, no porque creamos que tengamos las soluciones a los problemas que hemos resaltado como relevantes, sino porque es momento de aportar un poco para obtener las fuerzas necesarias que nos permitan afrontar la pelea inmediata.

Aunque unido a la frase anterior sonará contradictorio, el inmediatismo y el continuo coyuntural ismo nos ha asfixiado, lo anterior nos ha llevado de lucha en lucha, lo que objetivamente no es negativo porque el guerrero se crea al calor de la batalla, lo triste es resaltar que las más grandes peleas las hemos dado contra nosotros mismos e incluso hemos retomado practicas propias de la derecha, ejemplo de esto es la censura que niega cualquier pensamiento alternativo y que evoca los tiempo del nacionalsocialismo nazi o el fascismo italiano. Todo esto nos ha alejado del estudiante, pero no es intención de este texto acuñar todos los errores a quienes todavía se comprometen con esta causa que los enamora y los llena de fuerza para dar la lucha en las condiciones tan adversas que nos da este Estado que se reconoce formalmente como pluralista pero en la práctica detesta la diferencia y vuelve su principal objetivo la aniquilación de la misma con una estrategia del todo vale.

También llamamos a nuestros compañeros, que por distintos motivos se han alejado de lo que parece la lucha de un puñado de personas, a la reflexión, no solo porque pertenezca a un sector que tristemente en Colombia cada vez parece más una elite sino, porque el problema de la educación es de la sociedad en su conjunto, es momento de retomar un papel creador y constructor de sueños en esta sociedad, la convicción de que no todo ha sido superado, rescatar la importancia de las utopías como caminos que hoy se pierden en la distancia pero que nunca serán imposibles.

En conclusión nuestro llamado a todos los que hoy nos escuchan y a quienes llegue este texto es que la universidad, y lo poco que le queda de pública, va pronto a afrontar una estocada final, que asfixiará su espíritu, cosa ante la cual debemos tomar un papel que nos permita con orgullo levantar la cabeza para que en un futuro muy próximo cuando otra generación recorra nuestros campus les podamos decir: nosotros no fuimos la generación que permitió la privatización del conocimiento. Y más allá de eso, que se diga que nosotros fuimos los constructores de una universidad que en su totalidad es pública.

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